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domingo, 14 de noviembre de 2010

MITO IRLANDES


TUAN MAC CARELL
MITO CELTA

(*) Fuente: Los celtas. Mitos y leyendas; compilación de T. W. Rolleston. Studio editores. http://www.temakel.com/mitoceltatu

Imagen:www.misionsandavid.mex.tl



San Finnen, un abad irlandés del siglo Vl, fue a buscar la hospitalidad de un jefe llamado Tuan Mac Carell, que no vivía lejos del monasterio de Finne, en Moville, Donegal. Tuan rechazó su admisión y el santo se sentó en el umbral del jefe y ayunó durante todo un domingo, durante el transcurso del cual el malhumorado guerrero pagano le abrió la puerta. Se establecieron buenas relaciones entre ellos y el santo regresó con sus monjes. “Tuan es un hombre excelente”, les dijo, “vendrá a consolaros y a contar viejas historias de Irlanda”. Este interés humano por las viejas leyendas y mitos del país es un hecho tan constante como agradable en la literatura de la primitiva cristiandad irlandesa. Tuan fue, al poco tiempo, a devolver la visita del santo y le invitó junto a sus discípulos, a su fortaleza. Cuando le preguntaron su nombre y linaje su respuesta fue sorprendente: “Yo soy un hombre de Ulster”, dijo. “Mi nombre es Tuan hijo de Carell, pero una vez me llamé Tuan hijo de Starn, hijo de Sera, y mi padre, Starn, fue el hermano de Partholan”. “Cuéntanos la historia de Irlanda”, dijo entonces Finnen, y así lo hizo. “Partholan, empezó, fue el primero de los hombres que colonizó Irlanda. Tras la gran peste sólo sorevivió él, pues no hay nunca un exterminio del cual no sobreviva alguien para contar la historia”.


Tuan estaba solo en la tierra y fue de fortaleza en fortaleza, de roca en roca, buscando refugio de los lobos. Vivió de esta forma durante veintidós años, habitando en sitios deteriorados hasta llegar a un gran estado de decrepitud y vejez. “Entonces Nemed, hijo de Agnoman, tomó posesión de Irlanda-siguió diciendo Tuan-. El era el hermano de mi padre y le vi desde el acantilado y me mantuve alejado de él. Yo llevaba el pelo largo, estaba lleno de arañazos, estaba decrépito, horrible y miserable. Entonces, una noche dormí y al despertarme me vi convertido en un hombre. Volvía a ser joven y alegre de corazón. Fue en ese instante cuando canté la llegada de Nemed y de su raza, así como mi propia transformación... ‘Tengo un nuevo aspecto, una piel áspera y cabellos largos. La victoria y la felicidad son fáciles para mí; no hace mucho tiempo yo estaba débil e indefenso’.








Tuan es el rey de todos en Irlanda y así se mantuvo todos los días en Nemed y su raza. El cuenta como los hombres de Nemed navegaron a Irlanda en una flota de treinta y dos embarcaciones de treinta personas cada una. Ellos se extraviaron durante una año y medio y la mayoría de ellos perecieron de hambre y sed o por culpa de los naufragios. Sólo escaparon nueve -el mismo Nemed con cuatro hombre y cuatro mujeres-. Ellos llegaron a Irlanda y crecieron en número con el paso del tiempo hasta ser ocho mil setenta hombres y mujeres. Luego, misteriosamente, murieron todos. De nuevo la vejez y la decrepitud se apoderaron de Tuan, pero le aguardaba otra transformación:


"Una vez estaba de pie en la entrada de mi cueva -aún lo recuerdo- y supe que mi cuerpo había cambiado de forma. Era un jabalí y sobre ello canté esta canción: ‘Hoy soy un jabalí..Hace tiempo que me sentaba en la asamblea que juzgó a Partholan. Fue cantado y todo ensalzaba la melodía. ¡Cuán agradable fue la tensión de mi brillante juicio! ¡Qué agradable para las mujeres jóvenes y atractivas! Mi carro rebosaba majestad y belleza. Mi voz era grave y dulce. Mi paso era rápido y firme en la batalla. Mi faz estaba llena de encanto. Y ¡hoy! Me he transformado en un jabalí negro’. “Esto es lo que dije en el convencimiento de que era un jabalí. Luego me volví joven de nuevo y me alegré mucho. Yo era el rey de una manada de jabalís de Irlanda; y fiel a cualquier costumbre, volví a ir a todas mis residencias y regresé a las tierras de Ulster, pues era allí donde tenía lugar mis transformaciones cuando me venía la vejez y el abatimiento, y esperé la renovación de mi cuerpo’.

Luego Tuan cuenta cómo Semion, hijo de Stariat, se estableció en Irlanda, de quien descendieron los firbolgs y dos tribus más que persistieron hasta tiempos históricos. De nuevo la vejez lo invadió y las fuerzas le abandonaron y en él tiene lugar una nueva transformación. Se convirtió en una ‘gran águila’, y volvió a disfrutar de renovada juventud y vigor. Luego explicó cómo llegó el pueblo de Dana, "dioses y falsas deidades de las que sabemos que los irlandeses, hombres de conocimiento, surgieron". Después de ellos llegaron los hijos de Miled, que conquistaron al pueblo de Dana. Duante todo este tiempo Tuan conservó su aspecto de águila marina, hasta que un día, viendo que iba a sufrir otra transformación, ayunó durante nueve días, y se apoderó de él un sueño y fue transformado en un salmón. El se alegró de su nueva vida, escapando durante muchos años de las trampas de los pescadores, hasta que un día fue pescado y llevado a la mujer de Carell, jefe del país. "La mujer me vio y me comió entero y de esta forma pase a su matriz". De esta manera nacío de nuevo y es Tuan, hijo de Carell; pero la memoria de sus existencias pasadas y todas sus transformaciones, toda la historia de Irlanda que él presenció desde los días de Partholan todavía permanece en él y él enseñó todas estas cosas a los monjes cristianos, quienes cuidadosamente las conservaron. Este cuento, con su atmósfera de antigüedad y asombro infantil, nos recuerda las transformaciones del galés Taliesin, quien también se transformó en águila y apunta a la doctrina de la transmigración del alma, que obsesionaba la imaginación de los celtas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Mito Tsáchila

LA MUJER QUE INUNDÓ LA TIERRA

Ruth Moya, basada en Calazacón, Orazona, 1982



Mujer tsáchila en telar


La mujer que inundó la tierra solía pescar con barbasco a los tsáchilas, los cuales eran como los de hoy.

Antes de proceder a pescarlos se las pasaba contan­do los cabellos de todos.
No se sabe cuántos tenía que contar, pero los con­taba todos. Cuando terminaba de contar botaba los cabellos a las aguas y al hacerlo, las aguas crecían. De este modo mataba a los tsáchilas. Morían ahogados y ella recogía a los que perecían.

La mujer era tan grande que las aguas le daban hasta las rodillas. Las aguas no le resultaban profundas. De pie recogía a los que se ahogaban. Las aguas arrasaban con todo: sajinos, puercos, in­dómitos, venados, perros, gente...

La vieja que inundaba no recogía a los flacos, reco­gía exclusivamente a los gordos y para comprobar si tenían suficiente grasa les hundía en la carne un instru­mento punzante: así podía ver si estaban como a ella le apetecía.
Estando en estos trajines la mujer vio venir flotando en las aguas a un niñito. Estaba vivo, no se había ahoga­do porque estaba agarrado a un tronco.

La mujer se lo llevó consigo para que le sirviera de cocinero. Ella no podía cocinar pues... ¡vivía tan ocupa­da!


Se lo llevó a su casa y el chico se las pasaba asando en una parrilla a cuanto gordo recogía la vieja: gente, perros, de todo.

Mientras el niño asaba, la mujer junto con su hija, contaba cabellos. Las mujeres eran dos: la vieja y su hija. Las dos se vivían contando cabellos y el niño asando gordos.

Ya empezaban a bajar las aguas de la inundación y el niño continuaba asando.

Las aguas no habían logrado arrasar con todo, que­daron en pie unos árboles de guaba y en uno de ellos estaba vivo un monito cusumbo. El cusumbo estaba gordísimo de modo que la vieja lo tomó al instante. Lo puso junto a los demás para asarlo y para que no se derritiese completamente lo colocó a un extremo de la parrilla i A la vieja le gustaba la grasa!

El niño por su parte se preocupaba de asar bien la carne. Le daba las vueltas para que se cocinara unifor­memente.

La vieja y su hija entre tanto continuaban contando cabellos.

Para sorpresa del pequeño cocinero resultó ser que el cusumbo no era cusumbo sino un rayo, así es que el rayo habló y le dijo:

-Cúbreme un poco de la candela, no dejes que me queme y huye inmediatamente.

Cerca de allí había unas matas de camacho. El rayo le dijo al niño que corriera hasta esas matas porque él destruiría a la vieja y a su hija.

Las mujeres escucharon los susurros y casi logran sorprender al rayo y al niño conversando, por ello le preguntaron al chico:
-¿Con quién estás conversando?
-¿Yo? -replicó el niño- Yo no estaba conversando con nadie. Solamente me decía a mi mismo, en voz alta, que hace mucho calor.

Al escuchar esta respuesta las mujeres se tranquili­zaron y se quedaron sentadas donde estaban. Las muje­res se descuidaron y el niño se fue corriendo hasta las matas de camacho. No bien había llegado hasta allí cuando empezó una tempestad de rayos y de truenos.

Rayos y truenos atacaron a la vieja que inundaba la tierra de los tsáchilas y a su hija. La hija alcanzó a tirarse al agua, pues allí había una laguna, la cual se había formado con los cabellos que ellas tiraban. La hija se salvó pero la vieja murió en aquel mismo sitio.


Jefe Tsáchila


El niño regresó a su casa para después volver a marcharse de allí. Antes de partir le dijo a la gente.

-Cuando ustedes se hayan convertido en arcilla yo todavía estaré como ahora. Dicho esto despareció.

Ahora, cuando brilla el sol con intensidad y hace mucho calor, se escucha un silbido. Cuentan que ese niño es el que silba. Eso cuentan los abuelos.


martes, 19 de agosto de 2008

MITO DE HUAROCHIRÍ

Chaupiñamca

Tomado del libro: ¨La lluvia, el granizo y los dioses de Huarochirí


Imagen de bpO.blogger.com


Chaupiñamca fue una de las diosas-huacas más veneradas de la región de Huarochirí. Anima­ba a las mujeres y poseía enorme astucia. Eso hi­zo que la gente la considerara como si fuera su propia madre. Chaupiñamca era la huaca de la fertilidad y la protectora de las cosechas.
Hombres y mujeres, con el curaca y el alcalde de las comunidades presentes, se reunían en su santuario y le ofrecían sacrificios. Y en ese lugar danzaban la ayllihua. Los varones bailaban desnudos. Toda la noche duraban los bailes. Después se dirigían hacia la pampa, exclamando alegres:

- ¡Es la fiesta de nuestra madre!

Cinco días seguidos festejaban a Chaupiñamca. En esos días la fertilidad de la zona aumentaba.
Durante un largo período, la apariencia de la diosa-huaca Chaupiñamca fue como la de todas las muje­res. Sin embargo, un buen día se transformó. Abandonó su aspecto humano y se convirtió en una roca con cin­co brazos. Por último, después de la llegada de los espa­ñoles, la diosa-huaca se escondió bajo tierra. Sin embar­go, a pesar de no verla, las comunidades continuaron venerándola. Desde ahí en adelante su fiesta se celebra en la víspera del Corpus.



CHAUPIÑAMCA


Imagen de www.hipernova.cl
Apunchik waka Chaupiñamcami, Huarochiri llak-tapika ninan kuyay tukushka kashka. Ninan ushayta charik, warmikunaman kawsayta kuk-pashmi kashka.Shina kaymantami wakin runakunakarin mamashinata yuyakkuna kashka. Ninanta murukunata pukuchik, chakrakunata rikurayak wakami kashka.
Karikuna, warmikuna, kurakawan tantarishpami Chaupiñamcata muchana wasipi imatapash paypa shutipi wañuchikkuna kashka. Chay wasipimi Ayllihua tushuyta, karikunaka churana illak tushukkuna kashka. Kipamanka pampaman Uukshishpami kushilla:
-Ñukanchik mamapa raymimi- nik kashka.
Pichka punchakunapimi raymita rurak kashka.Shina rurakpimi chay pachakunaka sumaklla murukunaka pukuk kashka.
Kay unay pachata, Chaupiñamca wakaka ñukan­chik warmikunashinami kashka. Shinapash shuk pun-chaka rumiman tikrashka, pichka makiyuk rumimanmi tikrashka. Ña puchukaypi España mishukuna shamushka punchapikarin allpa ukupimi mitikushka. Shinapash, mana rikushpapashmi runa llaktakunaka muchashpa ka-tishkakuna.Chay punchamantami Corpus raymi kallarik tutapi Chaupiñamcapa raymitaka rurankuna.

viernes, 8 de agosto de 2008

MITO DE HUAROCHIRÍ


Cuando el sol no despertó




Hace muchos, muchos años atrás, el sol olvi­dó alumbrar la tierra durante cinco jornadas lar­gas y misteriosas. Entonces los hombres, las plantas, los animales y todos los objetos que existían en el mundo alteraron su comportamiento.
Cuando el sol no despertó, surgió un nuevo or­den; ni mejor ni peor que el anterior, sino simplemen­te distinto.
El silencio se escuchó por todos los rincones de la tierra y los sonidos callaron.
El agua de los ríos se detuvo; en largos y plateados espejos se convirtió. Los búhos y lechuzas, contemplán­dose en ellos, ordenaron sus plumajes y se embellecie­ron para celebrar esa larga noche.
También las piedras, que durante siglos habían custodiado caminos, guiado cursos de agua o afirmado el terreno, abandonaron sus asientos naturales y co­menzaron a danzar al compás del silencio, contorneán­dose graciosamente.
De lo sucedido en aquel tiempo, fue quizás este caso, el de las piedras, el más bello y extraordinario de contemplar. Las más pequeñas y ágiles bailaban por to­do sitio, girando y girando, brincando de aquí para allá, de allá para acá. Pero también las piedras mayores y las grandes rocas danzaron; un, dos, tres pasos adelante; un, dos, tres, media vuelta y atrás. Varias horas bailaron en perfecta armonía. Mas, de pronto, un súbito cambio de ritmo las hizo chocar entre sí. Y entonces ¡plac! ¡plac! ¡ploc! Por aquí y por allá, surgieron los batanes y los morteros.
Cuando el sol no despertó, algunos imaginaron que había muerto.
Cientos de años más tarde, los hombres supieron que esa oscuridad había sido un gesto de la luna, que al pasar frente al sol le impidió iluminar la tierra. A esa os­curidad la llamaron eclipse.


imagen de Guillermo Oyhenart (geo@cpenet.com.ar)



TAYTAINTI MANA RIKCHARIKPI


Nawpa ñawpa watakunapika intimi jatun pichka manchanayay pachakunata achikyachinata,pun-chayachinata kunkashka. Chayka runakuna, yu-rakuna,wiwakuna, tukuy ima tiyakkunapa kawsaykuna-ka shuk kawsaymanmi tikranakushka.
Inti mana rikcharikpika, shuk kawsaymi kallarish-ka; shinapash mana allipash, allipash mana kashkachu, chikan kawsaytallami charik kallarishkakuna.
Kay chulunlla manchanayay kawsayka tukuy ma-mallaktapimi kallarishka, imapash mana uyarikushka-chu.
Mayupa yakukunapashmi shayarishka, puncha-pampa suni rirpukunamanmi tikrashka; chushikkuna-pash chay rirpupi rikurinakushpami kay jatun tutapi kushilla yallinkapak paykunapa patpakunata allichirish-kakuna.
Shinallatak kay watakunapika, ñankunata rikura-yashka, mayu yakukunata katichishka, allpakunata shin-chiyachishka rumikunapash, paykunapa tiyashkata sa-kishkakuna,shinami chulunlla takiwan tushuy kallarish­kakuna, muyushpa muyushpa asinayayta tushuy kalla­rishkakuna.



Kay tukuy imashina kashkamantaka, kay rumiku-napa tushuymi kuyaylla rikunayay kashka; uchilla kutsi rumikunaka, kaypi chaypi, muyushpa muyushpa, kay-
manta chayman, chaymanta kaymanmi tushushkakuna. Shinallatak ruku rumikuna, jatun rumikunapashmi, shuk, ishcay, kimsa tatkita ñawpaman shamushpa,kutin tikrashpa shuk, ishkay kimsa tatkita washaman rishpa tushushkakuna. Tawka pachakunatami pakta pakta ku-yurishpa tushushkakuna.Ashtawankarin,taki chikanyak-pika rumikunapurami waktarichishka. Katiypika plak, plak, plak uyarishpami kaypi chaypi kutana rumikuna llukshishka.Wakin rukukunaka:
-Ñapash yuyashkapi, jaykatami wacharirka- nish-kakunami.
Inti, shina mana rikcharikpika, wakin runakunaka wañuytami wañushka yuyashkakunami.
Tawka patsak watakuna ña yallishkapimi, runaku­naka killamantami tutayashka kashkata yachak chayash-ka. Killami intipa ñawpakta, intita killpashpa yallishka kashka. Kunanpi mishu shimipika, kay killamama tuta-yaytaka "eclipse" shutiwanmi riksinchik.

Fuente: tomado del libro/ la lluvia, el granizo y los dioses de huarochirí. Coleccion Luna Tierna. CCE

viernes, 16 de mayo de 2008

MITO DE CERROS

LOS AMORES DE TAITA IMBABURA
Juan Carlos Morales M.
Mitologias de Imbabura


Taita Imbabura

Cuentan que en los tiempos antiguos las montañas eran dioses que andaban por las aguas, cubiertas de los primeros olores del nacimiento del Mundo. El monte Imbabura era un joven apuesto y vigoroso. Se levantaba muy temprano y le agradaba mirar el paisa­je en el crepúsculo.


Un día, decidió conocer más lugares. Hizo amistad con otras montañas a quienes visitaba con frecuencia. Mas, una tarde, conoció a una muchacha-montaña llamada Cotacachi. Desde que la contem­pló le invadió una alegría como si un fuego habitara en sus entrañas.

No fue el mismo. Entendió que la felicidad era caminar a su lado vislumbrando las estrellas. Fue así que nació un encantamiento entre estos cerros, que tenían el ímpetu de los primeros tiempos.
-Quiero que seas mi compañera, le dijo, mientras le rozaba el rostro con su mano.
-Ese también es mi deseo, dijo la muchacha Cotacachi, y cerró un poco los ojos.



Mama Cotacachi


El Imbabura llevaba a su amada la escasa nieve de su cúspide. Era una ofrenda de estos colosos envueltos en amores. Ella le entre­gaba también la escarcha, que le nacía en su cima.
Después de un tiempo estos amantes se entregaron a sus frago­res. Las nubes pasaban contemplando a estas cumbres exuberantes que dormían abrazadas, en medio de lagunas prodigiosas.
Esta ternura intensa fue recompensada con el nacimiento de un hijo. Yanaurcu o Cerro Negro lo llamaron, en un tiempo en que los pajonales se movían con alborozo.



Yanaurco o Cerro Negro


Mas, el monte Imbabura -con el paso de las lunas- se volvió viejo. Le dolía la cabeza, pero no se quejaba. Por eso hasta ahora permanece cubierto con un penacho de nubes.
Cuando se desvanecen los celajes, el Taita contempla nueva­mente a su amada Cotacachi, que tiene sus nieves como si aún un monte-muchacho le acariciara el rostro con su mano.

viernes, 22 de febrero de 2008

MITO DE HEROES FUNDADORES

MITO DE QUITUMBE








http://buhoandino.blogspot.com/2008/01/serie-mitologia-ecuatorial_31.html

MITO DEL PARAISO

MITO DE LOS CONDORAZOS

MITO SECOYA

EL NACIMIENTO DEL DIOS ÑAÑE


Basado en Ruth Moya, 1990




Pareja de Secoyas, amazonía ecuatoriana




El Dios Ñañe llegó a una quebrada en forma de una piedra blanca y grande, como huevo.

Desde el interior de aquella piedra salían unos so­nidos que parecían el piar de un pájaro. Aquel huevo fue encontrado por las dos hijas de Hueapau, el hombre más antiguo. Las muchachas tomaron la piedra en forma de huevo y la llevaron hasta su casa. Allí colocaron la piedra blanca en una olla nueva. En un par de días escucharon el llanto de un niño. Allí nació el dios Ñañé.

Durante su juventud Ñañé vivió con la familia que lo adoptó como hijo. A medida que crecía, el semblante del joven era cada vez reluciente y bello.
Solía salir a caminar y se llegaba hasta donde los hombres se encontraban trabajando la tierra, los ayuda­ba y realizaba prodigios: hacía que lo que sembraban creciera inmediatamente. También salía de cacería, po­seía sus armas de caza. Siempre que iba al monte volvía con carne para sus familiares. Todos vivían bien.

Ñañé era amable y constantemente buscaba cómo ayudar a los otros para que no sufrieran. Quería facilitar las cosas para los hombres. Siempre estaba adornado y bello. Observando sus hazañas y el modo en que se veía la gente decía: -"Este no es una persona como nosotros. Es Ñañé. Así decían.




Comunidad Secoya



Cuando ya tuvo más edad pensó en buscar una mujer para que fuera su compañera.

Un día Ñañé estaba pintándose el cabello con achiote y arreglándoselo cuidadosamente cuando alcanzó a ver un gusano hembra. Lo alzó para verlo de cerca y exclamó: -"¡Qué bonita eres gusanita. Si fueras mujer yo podría vivir contigo!" Esa fue su primera mujer y con ella tuvo una hija.

Tuvo una segunda mujer, hecha de brea. El la con­virtió en mujer y la tuvo consigo.

La tercera mujer fue un tizón de candela. Cuando Ñañé alcanzó a oir que el tizón sonaba, chisporroteaba, se dijo así: -"¡Ay! Qué linda candelita tiene este tizón! Si fuera mujer yo ya la hubiera tenido".

La cuarta mujer fue un búho hembra a la qué trans­formó en mujer y la hizo su esposa.

La quinta mujer fue de la familia de los sapos del inframundo. Su suegro poseía las semillas de la palmera del chontaduro.

Las sextas fueron las hijas de Danta. Eran dos bellas hermanas. Ñañé vio que aquel hombre vivía solo con sus dos hijas pues la madre había muerto. Al verlas se enamoró inmediatamente y se casó con ellas. Juntos vivieron algún tiempo.

Como Nañé tenía por esposas a sus dos hijas, Danta le tema animadversión. Las hijas solían acompañar a su esposo a la cacería o a trabajar la tierra. Andaban con­tentas porque veían los prodigios que hacía Ñañé.



Danta



Siendo testigo de todos aquellos sucesos extraordi­narios Danta se puso celoso y se dijo a sí mismo: -"Yo también tengo poder" y así comenzó la enemistad. Tra­taba de matar a Ñañé, el yerno, porque era poderoso.

Un día armó una trampa para Ñañé y el dios cayó en la trampa: Después de lo ocurrido también Ñañé hizo una trampa. En una quebrada colocó unas espinas para que Danta cayera sobre ellas. Esas espinas efecti­vamente lo pincharon y con el pretexto de quitárselas Ñañé aprovechó para convertir las espinas en cascos de danta y fue así como el suegro se convirtió en Danta. Así lo quiso Ñañé.

De este modo continuaba la vida de Ñañé hasta que vino otro hombre. Mujué o Trueno, que se aparecía ante los demás como dios y dijo que era dios. Vino a quitarle sus dos esposas y finalmente logró quitarle la de nombre Rutayo. A ella se la llevó y Ñañé se quedó con una, que era hermana menor, la de nombre Repao.

Ñañé luchaba por tener a sus dos mujeres pero Rutayo no quiso volver a él. También luchaba por las mujeres el otro dios. Mujué.

El dios Ñañé al principio era hermosísimo. Luego, cuando vino el dios Mujué él mismo se afeó el cuerpo con heridas. Mujué por el contrario tenía una hermosa apariencia.

Viendo que Mujué era tan apuesto Rutayo no quiso apartarse de él y abandonó a Ñañé porque su fealdad le parecía repugnante. Repao, su hermana, intentaba di­suadirla de tal decisión y le contó que le había visto a Ñañé quitarse las llagas, colgarlas en un árbol y lucir bello y resplandeciente, con su hermoso semblante de siempre. Le decía que aquellas llagas no eran nada, que se trataba de cosas para tener el alumbrado, para ali­mentar las lámparas.

-"Vas a perder tu vida y nuestro esposo", le dijo Repao a Rutayo"- El que está feo Ñañé va a aparecer con su persona a la fiesta a la que tu marido Mujué está invitando. Ese día, hermana, vas a ver cómo tú marido se va a hacer feo y nunca más volverás con Ñañé.





Músicos Secoyas




Y así seguían las cosas hasta el día de la invitación en la cual empezaron a pelear Ñañé y Mujué. Se desa­fiaron a muerte pero fue Ñañé quien salió victorioso. Partió a Mujué en dos, por eso tenemos el Trueno del este y Trueno del oeste.

Cuando Rutayo vio que su esposo había muerto, enloquecida de dolor y de rabia, empezó a volcar la chicha de su cántaro. Esa chicha derramada creció y creció hasta inundarlo todo y fue entonces cuando co­menzó el terremoto. Rutayo se fue flotando éñ la chi­cha, hizo temblar la tierra y la hundió. Ñañé maldijo a la que fue esposa de Mujué: -"Tú siempre serás Mujer de Terremotos" y así se quedó Rutayo y se fue a vivir debajo la tierra. Ñañé se quedó en un pedacito de tierra que no se hundió. Allí mismo convirtió a su esposa Repao en un peine que se lo colocó en el cabello y así subió al Cielo Superior; donde vive ahora. Allí también vive Repao, quien es la señora que recibe a los muertos.

http://www.babab.com/no05/ramon_piaguaje.htm Pintor Secoya



Danta fue como dios pero se quedó en la tierra para que los hombres pudieran comer. El otro dios, Mujué, el Trueno, fue esposo de Rutayo y murió a manos de Ñañé quien después de las referidas luchas se fue al cielo. Antes de marcharse definitivamente dijo que la tierra estaba llena de malicia, mortandad y problemas y que nunca más volvería a ella.


jueves, 31 de enero de 2008

Mito de Santa Elena

LOS GIGANTES DE SUMPA


Versión de Rafael Díaz Icaza







En tiempos muy lejanos, tan distantes que ni el más viejo de los narradores de cuentos y leyendas podría precisar, había en la población de Sumpa (lo que hoy es el cantón de Santa Elena) una especie de rey o cacique, muy admirado y respetado por su valentía y talento, a quien llamaban TUMBE.


Dicen las leyendas, que inmediatamente acabado el Diluvio Universal, llegaron a Sumpa algunos de los primeros hombres que repoblaron la Tierra. Y como la encontraron buena para la vida humana y pródiga para la agricultura y pesca, se establecieron desde la orilla del mar, hasta bien avanzado el interior.

Tumbe tenía dos hijos, Quitumbe y Otoya. Como era un gobernante emprendedor y ambicioso, envió en expedición a Quitumbe, con el encargo de descubrir nuevas tierras y añadirlas a su reino. Y Quitumbe las descubrió, tanto al norte, como al sur. Fundó el pueblo de Tumbes y puso los cimientos de algunas ciudades importantes como la que después sería la bella Quito.




Catari, un antiguo narrador de historias, de esos que antes de la llegada de los españoles eran llamados quipucamayos, afirmaba que Quitumbe dejó un descendiente llamado Guayanay, padre de Atau, quien a su vez engendró a Manco Capac, primer monarca del Perú.

A la muerte de Tumbe, le sucedió en el mando su hijo segundo: Otoya, valiente y esforzado, pero cruel, además de aficionado a las bebidas alcohólicas y otros vicios. Fueron tantos sus abusos y maldades, que un grupo de sumpeños descontentos se unieron secretamente para darle muerte y así librar a Sumpa del tirano. Mas, Otoya fue alertado a tiempo y tomó venganza de sus enemigos, quitándoles la vida.

Un día sorprendió a Otoya un grupo de aborígenes con noticias inquietantes, habían divisado en el mar, cerca de las costas, una inmensa balsa. La tripulaban sujetos de tamaño descomunal; tan grande como dioses o demonios. El más corpulento de los sumpeños apenas alcanzaría a llegar a sus rodillas. Sus cabezas eran de tamaño de hombres pequeños. Sus bocas parecían aberturas de toneles. Tupidas selvas de cabello colgaban a sus espaldas. Cada brazo parecía un largo arbusto o una boa. Los ojos eran saltones y rojizos. En sus orejas podían caber pequeños gatos.







Vinieron de muy lejos. Y al llegar a la playa, se tendieron cuan largos eran a descansar. Sus poderosos ronquidos, ladrantes, pitantes, raspantes y rugientes, parecían una tempestad marina.

Tras descansar algunas horas, acarrearon leña arrancando de raíz arbustos y matorrales. De dos zancadas cazaron decenas de llamas, las asaron al fuego y las engulleron hasta quedar satisfechos. A prudente distancia y ocultos, temblando de terror, seguían sus movimientos los sumpeños.

En un pequeño cerro de amplia plataforma, ubicado cerca de lo que hoy es el balneario de Salinas, establecieron los gigantes su residencia, en una especie de fortaleza hecha con piedra de la zona. Desde allí partían en periódicas excursiones que arrasaban cuanto hallaban al paso: hombres, rebaños, sembríos, viviendas, todo desaparecía bajo sus plantas. Un día invadieron la residencia del cruel Otoya y le quitaron la vida.






Vista de playa Los frailes, Machalilla Ecuador


Varias veces hicieron frente los valerosos sumpeños a los gigantes. Pero fue vano sacrificio; equivalía a pelear armado con una aguja frente a alguien que llevaba una espada o una lanza.

Esos actos valientes terminaron siempre en desbandada despavorida de los naturales. En respuesta aquella resistencia, los gigantes aumentaron su crueldad. Disgregaron a los sumpeños, obligándolos a esconderse en la montaña o en cuevas conocidas únicamente por ellos.

Y fueron tantos los crímenes de los gigantes llegados a Sumpa de quien sabe que remotas tierras. Y fueron tantos los clamores de los sumpeños, que Pachacámac, el dios a quien veneraban, amaban y temían, envió a un emisario con el encargo de salvarlos.

Vino éste armado de una flecha incandescente, con la que liquidó a los invasores. De los gigantes grandes como casas y crueles como fieras, quedaron únicamente huesos calcinados, que fueron cubiertos por la tierra. Osamentas que en diversas oportunidades han sido descubiertas por arqueólogos y atribuidas a animales que habitaron el planeta antes del Diluvio.



Con aquel acto de justicia de Pachacámac, los sumpeños recobraron su tierra y la felicidad.

lunes, 21 de enero de 2008

MITOS DE HÉROES FUNDADORES


El MITO DE QUITUMBE


Pío Jaramillo Alvarado, basado en Anello de Olliva




Vista satelital de la isla Puna (Golfo de Guayaquil)



Después del diluvio universal, las emigraciones lle­garon por el mar al continente y uno de estos pue­blos nómadas se estableció en lo que ahora es Vene­zuela y fundó Caracas. De estos pobladores, algunos pasaron a Sumpa, que es aquel paraje que ahora llaman los españoles la Punta de Santa Elena, donde tuvieron una gran población, siendo el principal de ellos un cacique llamado Tumbe o Tumba, que con su buena industria y gobierno mantuvo su gente en paz y justicia. Este capitán despachó gente a descubrir tierras, pero jamás volvió a saber de esta expedición y con este pesar murió, dejando dos hijos, Quitumbe y Otoya.




Gigante de Sumpa


El primero fundó un pueblo llamado "Tumbez" en memoria de su padre y el se­gundo fue hecho prisionero de unos gigantes que apa­recieron en las costas ecuatoriales y murió en poder de estos enemigos. Temeroso de los gigantes, Quitum­be buscó refugio en una isla que llamó "PUNA"; pero viendo que era tierra seca y no llovía, mudó de temple y suelo y se fue a la sierra de Quitu, donde pobló un pueblo de su nombre. Cuando Quitumbe partió a la sierra dejó abandonada a su mujer Llira, preñada, y llegando el tiempo, de su parto parió un infante muy bello a quien su madre llamó GUA-YANAY que quiere decir golondrina. La suerte de GUAYANAY fue muy desigual y la fábula intervie­ne en los sucesos de su vida, pero es lo cierto que dejó un hijo llamado Atau, que fue padre de Manco-Cápac, primer Inca.



Y sucedió que los descendientes de Guayanay habi­taron en una isla y allí estuvieron hasta que llegó la ocasión de ser descubiertos, porque el cacique Tome, hermano de Guayanay, que gobernaba los llanos y era señor (Shyri) de Quitu, mandó perseguir a uno de sus hijos por el delito de adulterio que se castiga­ba con la pena de muerte, y el perseguido se aven­turó con su gente al mar y llegó casualmente a la isla en que residía Atau. Por este incidente supo el cacique Atau como había mucha tierra firme por to­das partes y cerca de donde estaba. Y como Atau era ya viejo y murió muy pronto, acometió la empresa su hijo Manco - Cápac, al que acompañó el hijo del se­ñor (Shyri) de las tierras quiteñas o quitumbeñas, con su familia y vasallos, hasta el Titicaca.



Ciudad de Tumbes, Perú



jueves, 10 de enero de 2008

PROFECIA DEL RETORNO

El Encuentro del Cóndor y el Águila






Cóndor de los Andes (foto Joaquín Antunes)





Hace miles de años, cuándo el ciclo esencial de vida comenzó, Pachakamak (Dios de Tiempo) creó a IntI (el sol) y a Quilla (la luna) y dio a luz a los Runas, los “seres humanos” de este continente. En este nacimiento surgió el Cóndor en el sur y el Águila en el norte, sus espíritus enriquecieron continuamente las venas de los Runas de toda América.

Y el Cóndor y el Águila unieron sus lágrimas desde el Janan Pacha (el cielo) hasta el Ucu Pacha (la tierra interna). Fuera de esta unión quedó la América Central. En este pedazo de la tierra fue concentrada la sabiduría del Cóndor y el Águila. Tiempo después nuevas naciones se desarrollaron, cuyos habitantes tuvieron la capacidad de sembrar tierra en medio del gran Océano y se convertirla en lo que hoy es el centro de las dos Américas.
Pero los runas tuvieron que pasar por situaciones difíciles, una de éstas fue el dividir sus naciones en cuatro partes. Después de que esta tragedia sucediera, los Willak Umus (profetas) instruyeron a sus sabios en crear las profecías que orientarían y se enseñarían a nuestra gente actual. Estas profecías enseñarían a las naciones indias a mantenerse fuertes, unidas y sobre todo a buscar los senderos más apropiados para su liberación.

Así, el principio de la liberación estaría simbolizado por diversas profecías, una de las cuales constituye la unión de las lágrimas del Cóndor y el Águila, La unión de estas lágrimas podría cauterizar nuestras heridas y fortificar nuestro espíritu, nuestro cuerpo y nuestro pensamiento. El Gran Espíritu abriría surcos y en cada surco regaría su semilla, y a cada paso se crearían batallones que descubrirían sus pechos para defender a los runas de los puñales del enemigo,
Ellos juntarían sus manos para eliminar la opresión, la explotación y la injusticia, y escribirían en la inmensa página del cielo, la palabra sagrada de la libertad.

La unión del Cóndor y el Águila, según la profecía, debe ocurrir en este nuevo siglo.
Esta nueva quinta centuria nacerá con un nuevo espíritu y este unirá otra vez las naciones indias del Norte, del Centro y de Sudamérica.



Versión anónima




The Encounter of the Condor and the Eagle








Aguila Calva (foto fondos animados)



Thousands of years ago, when life's vital cycle began, Pachakamak (God of Time) created IntI (the sun) and Quilla (the moon) and gave birth to the Runas, the people of this continent. In this birth emerged the Condor In the south and the Eagle In the north, their spirits continually enriching the veins of the Runas of this continent.

The Condor and the Eagle join their tears from Jahan Pacha (the sky) to Ucu Pacha (the underground). Out of this union sprang Central America. In this piece of earth was concentrated the wisdom of the Condor and Eagle. New nations developed, whose inhabitants had the capacity to sow the earth In the middle of a great ocean and convert it into what is today Central America.






Cóndor (foto Claudio Nuñez)


These people had to pass through difficult situations, one of which was the splitting of its nations into four parts. After this tragedy the Willak Umus (prophets) instructed their wise ones to create prophecies that would orient and guide our peoples. These prophecies would teach the Indian nations to maintain themselves solid, united and above all, to search for the most appropriate paths for their liberation.


The beginning of the liberation of the Indian people would be symbolized by different prophecies, one of which is the union of the tears of the Condor and the Eagle, The union of these tears would cauterize our wounds and fortify our spirit, body and thoughts. The Great Spirit would open furrows and in each furrow would water its seed and, in each step would spring battalions who would bare their chests to fend off the daggers of the enemy, They would reach out with their hands to erase oppression, exploitation and injustice, and they would write on the huge page of the sky, the sacred word of liberty.


The union of the Condor and the Eagle, according to the prophecy, should occur in this century. The fifth century wiII be born with a new spirit This new spirit will unite once again the Indian nations of North, Central and South America.



Anonymous.

miércoles, 2 de enero de 2008

MITO DE CREACIÓN




ÑAWPA-RIMAY

(LA MEMORIA MITICA)


El cosmos foto de vedaveda.com


Cuentan los abuelos que en Ñawpa-Pacha todo era el vacío. Solamente Atsil-Yaya vivía junto a Sami-Mama. No había nadie más que ellos. La obscuridad reinaba.



Los espiritus


Atsil-Yaya pidió a Sami-Mama acostarse con él. Se unieron como marido y mujer y Sami-Mama quedó embarazada. Así nacieron los Aya, los Duendes y Pacha-Mama. Cuando Pacha-Mama nacía, Atsil-Yaya sopló e hizo sonar su caracola y todo empezó a amanecer.





La energía, foto de Sanama



Pacha-Mama creció, se convirtió en una mujer y su vientre también empezó a crecer, porque ella nació embarazada. Cuando llegó el momento de nacer, de su vientre salió el agua y en medio del cielo lleno de rayos y truenos, nacieron el sol, la luna, las estrellas, las piedras, la tierra, el fuego, los cerros, el huracán, las plantas, los animales, el arco iris, el viento, el hombre, la mujer y todo lo que existe. Todo lo que Pacha-Mama había parido estaba vivo, mas todo estaba al revés, todos los seres pensaban y hablaban igual que nosotros, los humanos.




Latierra, foto de un.org.ec



Al ver que todo estaba al revés, Atsil-Yaya, Sami-Mama y Pacha-Mama, poco a poco fueron creando los diferentes sonidos y lenguajes para los animales y las cosas, es por esto que los runas perdimos el poder y el don de entenderlos...


Basado en Luis Enrique "Katsa" Cachiguango, indígena imbaya



Ñaupa-Rimay = Memoria del pasado o mítica. Ñaupa-Pacha = Tiempo pasado o mítico. Yaya = padre, la inmensidad masculina. Mama = madre, la inmensidad femenina. Pacha-Mama = Universo, cosmos. Aya = espíritu, energía, fantasma, muerte. Runa = ser humano.