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miércoles, 20 de noviembre de 2013

LA MISIÓN DEL COLIBRI

Leyenda Peruana...

(Imagen de colibritejedor.blogspot.com)

“Cuentan que hace muchísimos años, una terrible sequía se extendió por las tierras de los quechuas. Los líquenes y el musgo se redujeron a polvo, y pronto las plantas más grandes comenzaron a sufrir por la falta de agua. El cielo estaba completamente limpio, no pasaba ni la más mínima nubecita, así que la tierra recibía los rayos del sol sin el alivio de un parche de sombra. Las rocas comenzaban  agrietarse y el aire caliente levantaba remolinos de polvo aquí y allá. Si no llovía pronto, todas las plantas y animales morirían.

En esa desolación, sólo resistía tenazmente la planta de qantu, que necesita muy poca agua para crecer y florecer en el desierto. Pero hasta ella comenzó a secarse. Y dicen que la planta, al sentir que su vida se evaporaba gota a gota, puso toda su energía en el último pimpollo que le quedaba.

Durante la noche, se produjo en la flor una metamorfosis mágica. Con las primeras luces del amanecer, agobiante por la falta de rocío, el pimpollo se desprendió del tallo, y en lugar de caer al suelo reseco salió volando, convertido en colibrí.

Zumbando se dirigió a la cordillera. Pasó sobre la laguna de Wacracochamirando sediento la superficie de las aguas, pero no se detuvo a beber ni una gota. Siguió volando, cada vez más alto, cada vez más lejos, con sus alas diminutas. Su destino era la cumbre del monte donde vivía el dios Waitapallana.


Waitapallana se encontraba contemplando el amanecer, cuando olió el perfume de la flor del qantu, su preferida, la que usaba para adornar sus trajes y sus fiestas. Pero no había ninguna planta a su alrededor. Sólo vio al pequeño y valiente colibrí, oliendo a qantu, que murió de agotamiento en sus manos luego de pedirle piedad para la tierra agostada.
Waitapallana miró hacia abajo, y descubrió el daño que la sequía le estaba produciendo a la tierra de los quechuas. Dejó con ternura al colibrí sobre una piedra. Triste, no pudo evitar que dos enormes lágrimas de cristal de roca brotaran de sus ojos y cayeran rodando montaña abajo. Todo el mundo se sacudió mientras caían, desprendiendo grandes trozos de montaña. Las lágrimas de Waitapallana fueron a caer en el lago Wacracocha, despertando a la serpiente Amarú.

Allí, en el fondo del lago, descansaba su cabeza, mientras que su cuerpo imposible se enroscaba en torno a la cordillera por kilómetros y kilómetros. Alas tenía, que podían hacer sombra sobre el mundo. Cola de pez tenía, y escamas de todos los colores. Cabeza llameante tenía, con unos ojos cristalinos y un hocico rojo.

El Amarú salió de su sueño de siglos desperezándose, y el mundo se sacudió. Elevó la cabeza sobre las aguas espumosas de la laguna y extendió las alas, cubriendo de sombras la tierra castigada. El brillo de sus ojos fue mayor que el sol. Su aliento fue una espesa niebla que cubrió los cerros. De su cola de pez se desprendió un copioso granizo. Al sacudir las alas empapadas hizo llover durante días. Y del reflejo de sus escamas multicolores surgió, anunciando la calma, el arco iris. Luego volvió a enroscarse en los montes, hundió la luminosa cabeza en el lago, y volvió a dormirse.


Imagen de: es.wikipedia.org

Pero la misión del colibrí había sido cumplida… Los quechuas, aliviados, veían reverdecer su imperio, alimentado por la lluvia, mientras descubrían nuevos cursos de agua, allí donde las sacudidas de Amarú hendieron la tierra.

Y cuentan desde entonces, a quien quiera saber, que en las escamas delAmarú están escritas todas las cosas, todos los seres, sus vidas, sus realidades y sus sueños. Y nunca olvidan cómo una pequeña flor del desierto salvó al mundo de la sequía.”

Recopilación: Enrique Melantoni

martes, 8 de noviembre de 2011

Leyenda de los andes

Las Migraciones
Génesis de la creación andina por César Ormeño Iglesias



La Tradición relata que durante la Cuarta Era de "El Sol de la Tierra" que alumbra las migraciones, surgieron hombres por todas partes y se multiplicaron. Cuentan que Kon Tiki Wiracocha se dirigió hacia las playas del Pacífico, dejando en su recorrido templos que le fueron dedicados, donde los inmigrantes hicieron monolitos semejantes a su Creador y huevos de oro que representaron al «Mallku» Señor de los aires, que se ve planear cerca del Sol, el «Cóndor Macho de Cresta Venerable», que al salir el Astro del día vence el viento, la nieve y la inclemencia del frío Andino.

Al llegar Kon Tiki Wiracocha a la Costa del Océano, donde le esperaban sus Ñaupas, extendió su capa brillante sobre las aguas y se puso a navegar como la espuma en las olas. Desde entonces le llamaron Wiracocha, espuma de mar. Si un pescador ve que los grandes oleajes traen a las orillas de la playa una espuma blanca, dicen: «Ya regresa Wiracocha porque el mar está blanco por la espuma».

La leyenda refiere que cuando Wiracocha desapareció en la inmensidad del Océano Pacífico, aparecieron pueblos misteriosos en la costa de Pirua. Tumbe, el Ñaupa que dirigió las migraciones, en busca de escasas tierras fértiles, dejó dos hijos, a los cuales a Quitumbe le ordenó construir balsas para dirigirse hacia el Sur. A Cataya, su segundo hijo le encomendó luchar contra los gigantes barbados que habían venido de la Costa Norte, de un pueblo desconocido. En el Altiplano de Collao, los Collawallas se establecieron en las orillas del Lago Titicaca. Los Chokkelas, cazadores de Huanacos salvajes, edificaron sus ciudades en Wiñay Marka, residencia del dios Huanaco. Otros poblaron Kispinike, Hancota, Palayani, Kalasasaya, Konko, Pukara, y edificaron las pirámides de Puma - Puncu y de Akapana.


Puma-punku, bolivia

Al poblar todas las provincias de los Andes, armaron confederación, y una vez que todas las tribus estuvieron ligadas por un origen común llamado «Collana», compusieron el monumental Imperio de Tiwanaku, «El Sol de Soles», símbolo mágico religioso de la Luz y de fecundación, emparentados por la Génesis Andina.



lunes, 22 de noviembre de 2010

LEYENDA GUARANÍ

LA LEYENDA DEL CEIBO

Anahí, una joven india del Paraná, no muy agraciada pero dotada de una preciosa voz con la que cantaba a su tierra y dioses. Fue apresada junto a otros indígenas cuando los ¨descubridores¨ españoles llegaron a su territorio. Amante de la libertad, las noches se poblaban de su llanto, hasta que la joven halló el modo de escapar de su cautiverio. Pero, cuando huía, uno de sus captores la descubrió. Negándose a ser privada de su libertad, clavó al guardián un puñal en el pecho.



Imagen: imperiorural.com.ar


Antes de morir, consiguió alertar a los otros captores españoles que poco después lograron atraparla. Su castigo fue morir en la hoguera. Fue atada en un árbol al que se prendió fuego. Las llamas fueron agarrándose a su cuerpo, mientras ella mantenía una dignidad que sorprendía a los conquistadores. Pero de la sorpresa se pasó a la conmoción cuando los testigos contemplaron cómo el cuerpo de esa joven se iba transformando, lentamente, en un distinguido árbol, un hermoso ceibo americano de flores rojas y brillantes.

Revista Enigmas Nº162

lunes, 4 de octubre de 2010

Leyenda Cubana


Aycayía
Tomado del libro Leyendas cubanas, edición José Tajes.


imagen de:ima.dada.net

De las siete hermosas bailadoras y cantadoras que tenía el cacique en su corte, seis perecieron en el naufragio de la piragua; la que había escapado a la muerte —bien por su involuntario retardo al entretenerse en su tocado, o porque previamente fuera advertida por el behíque, que sentía por ella especial predilec­ción-—, llamábase Aycayía y era de las siete la más hermosa, la que bailaba con más arte y cantaba con más dulce y melodiosa voz. Así no es de extrañar que ella sola siguiera perturbando la tranquilidad de la grey, alejando a los hombres del trabajo, apartándolos del cumplimiento de sus deberes guerreros y lle­vando la desunión a los hogares.

De nuevo se reunieron en consejo el cacique, los ancianos y behíques, y por segunda vez acudieron en consulta al todopode­roso Cemí, que les habló de este modo:
—Aycayía encarna el pecado, el pecado de la belleza, del arte y del amor. Proporciona a los hombres el placer, pero les hace sus esclavos, robándoles la voluntad. Y su diabólica fuerza está en que satisfaciendo a todos, no se entrega a ninguno. Virgen es y virgen morirá. Si queréis vivir tranquilos, arrojadla de vuestro seno.

El consejo del Cemí fue seguido. Aycayía, condenada a vivir aisladamente en compañía de una anciana llamada Guanayoa, fue llevada a un solitario lugar llamado hoy Punta Majagua. Desgraciadamente no por ello mejoró la situación. Era tal el imperio que sobre los hombres ejercía la bella bailarina, que a diario acudían a Punta Majagua los siboneyes, abandonando trabajos y hogares, con el solo objeto de ver a Aycayía ejecu­tando sus danzas maravillosas, en las que hacía prodigios de agilidad y destreza, y oírla cantar con su voz dulce y acaricia­dora.

Como es natural todos rivalizaban en obsequiarla, llevándole frutos, plumas, conchas, laminillas de oro y otros adornos pro­pios para satisfacer la femenil vanidad; y ella a todos sonreía y de todos aceptaba el obsequio, sin que ninguno pudiera jactarse de ser el preferido.

Las pobres indias de Jagua se veían abandonadas, las casadas de sus esposos, las doncellas de sus novios, quienes sólo tenían ojos y oídos para la incomparable Aycayía. Acudieron en queja al cacique, y éste la trasladó al behíque principal, que trató en vano de que las descarriadas ovejas volvieran al redil. La bella desterrada podía más que todas las amenazas y conveniencias.

Entonces el behíque acudió al medio supremo infalible: consultó por tercera vez al Cemí de la diosa Jagua, quien le entregó unas pequeñas semillas de color negro, a la vez que le daba las siguientes instrucciones:
—Estas semillas son un amuleto contra el olvido y la infelicidad. Entrégalas a las mujeres, encargándoles que las siembren en sus huertos. Cuando florezcan, cesarán sus inquietudes y congojas y obtendrán de nuevo el cariño de sus novios y esposos.

Las semillas, con solícito cuidado plantadas por las mujeres dieron origen al árbol conocido hoy con el nombre de majagua o demajagua, que significa de Madre Jagua, cuyas hojas, flores y madera son consideradas desde aquel entonces como amuleto o preventivo de la infidelidad conyugal.

Crecieron los árboles, y al brote de sus primeras flores sobrevino un violento huracán que barrió la barbacoa o casa alta sobre el agua que ocupaban Aycayía y su anciana acom­pañante. Las olas enfurecidas arrastraron a las dos mujeres al mar. La joven fue transformada en ondina o sirena, y la vieja en tortuga, terminando así el funesto y avasallador imperio que la bella y sin igual Aycayía ejercía sobre los siboneyes de Jagua.



imagen de: tortugas.anipedia.net

No esta clara la tradición respecto a la actuación de Aycayía en el mar. Unos la suponen ondina solitaria, vagando dentro de la bahía de Jagua o en el mar libre, soplando en un enorme y nacarado cobo, gran caracol de nuestros mares anti­llanos cuyo bronco sonido se confunde con el ruido que hace Caorao, el dios de la tempestad. Otros, en cambio, la creen acompañada, cabalgando sobre Guanayoca, convertida en enor­me y asquerosa tortuga, pero también soplando en el cobo, condenada eternamente a vagar por el mar embravecido, pur­gando el pecado de haber sido, en la tierra, bella, seductora y virgen.

sábado, 5 de junio de 2010

LEYENDA MEXICANA

LA LEYENDA DEL MAIZ
(GRANO DIVINO)


imagen:alfa1.org


Versión del Príncipe
Yäkanini Metztli Kuauhtemok K.

Cuenta la tradición de los pueblos Aztin, que después de las nieves cuando se refugiaron en Çikomoztok (En las Múltiples Cuevas); la tierra quedó tan quemada que, no había plantas de las cuales recolectar frutos, los animales habían muerto por el frío en tal cantidad, que la caza era muy penosa; y por ello, el linaje humano sufría mucho.
Se elevaron las plegarias “AL PADRE UNICO” (Tahtzinzeze) o sea el “Dios ünico” (Zenteotl) para que iluminara el pensamiento de los hombres sabios, y estos, dieran de comer a su pueblo.
Fue enviado el divino Ketzalkoatl para que viera como estaba la tierra y buscó alimento por todas partes y no encontró. Ya convencido de ello se disponía a marchar, cuando vio pasar presurosa a la hormiga roja, que traía entre sus mandíbulas poderosas, unas semillitas, después, vio pasar a otras que traían semillitas con restos de hojas y de paja. Entonces les preguntó: -“Por que trabajáis tanto si el “Padre de Todo” ha puesto los medios de vida?”
-“Pero los medios no vienen solos, hay que buscarlos y guardarlos para mejores ocasiones” –respondieron las hormigas rojas
-“¿Por qué no me dais de esa comida para los hombres?”
-“Ellos son grandes y glotones, se acabarían nuestros campos y pereceríamos”.
Convencido Ketzalkoatl de que tenían razón, simuló irse; pero se transformó en hormiga negra, diminuta, y siguió a la hormiga roja hasta que descubrió el campo de abastecimientos, que era un gran plantío de zacates que que tenían una espiga dorada de mechones finos y envueltos en un capullo de hojas fuertes; en su interior, había unos granos DORADOS, llamados Teotzintli.
Ketzalkoatl reflexionó y dijo: “Si traigo a los hombres aquí, de nada les ayudará, pronto acabarán con las plantas; mejor les llevaré la semilla para que ellos la cultiven y hagan que la tierra produzca”. Y tomó muestras de diferentes granos de distintos zacates hasta cinco y luego tomó muestras de otras cinco plantas y las llevó a los hombres.
Y llamó a los jefes de las tribus y les dijo:
“Os traigo un regalo, EL GRANO DIVINO, pero no lo debéis comer hasta que vuelva a salir de la tierra, y como nadie sabe como ha de brotar; os dejo aquí a cinco doncellas divinas que se encargarán de cuidar de las semillas, ya puestas en la tierra; y, harán que broten las plantas y los granos en tal abundancia que no volveréis a sufrir hambre, porque así lo quiere Tloke Nahuake )El QUE TIENE TODO EN SI MISMO), Tahtzinzen (El Padre Ünico).



imagen de: monografias.com

Y los granos fueron sembrados por las doncellas y ellas regaban y cantaban en los sembrados y danzaban y a los cuatro días la tierra se agrieto y a los días siguientes brotaron las hojas verdes.
Y tuvieron mucho grano llamado Teotzintli, pero no el suficiente para todas las tribus. Y vieron que no en todo el tiempo se podía sembrar, porque las doncellas divinas sabían que la nieve quemaba la planta.
Y un día afligidas se reunieron a deliberar como cuidar mejor el grano para que produjera más y no encontrando solución, la más bella y la más joven de ellas llamada Xilonan, invocó al divino Ketzalkoatl, pidiéndole ayudara a los hombres; y al calor del FUEGO SAGRADO donde ella hacía su invocación, llegó el VIENTO Rugiente y la envolvió en un remolino, y en esa caricia del viento ella escuchó:
“Tú doncella y Yo, ayudaremos a los hombres; pero no les daremos las cosas hechas, ellos tendrán que trabajar y sin que se den cuenta nosotros trabajaremos con ellos inspirándolos, haz que trabajen desde mañana”.
Y así fue, las Doncellas llamaron a los hombres de la tribu y les dijeron:
-“Ha llegado el momento en que aprendan a producir el grano y a mejorar su abundancia, tomen sus “Serpientes mágicas” y caven la tierra y pongan el grano, cinco de una clase, al Oriente, cinco de la otra clase, al Poniente”.
Y los hombres lo hicieron y cuando las plantas ya estaban crecidas, vino un día el Divino Ketzalkoatl y dijo a las doncellas, esa planta de Teotzintli da muy pocos granos, vamos a producir otra planta que de miles de granos; pero que sean los hombres los que entiendan y aprendad. Tú, divina doncellas serás mariposa, tú serás abeja, tú serás Catarina de rojo color, tú serás avispa azul….y tú Xilonan, serás la hembra del Witzilli, tomaréis de los polvos de las flores del Teotzintli del Occidente y luego iréis a las matas del Oriente, cuando los hombres estén allí, y dejaréis los polvos de unas matas en otras, y Yo, Viento Fecundador soplaré con fuerza para desenmarañar las duras mazorquillas y que los polvos entren en su seno….y después veréis el milagro de los Siglos..
Y un día que los hombres trabajaban en las matas vieron volar a los insectos y el viento sopló fuerte y temieron que las plantas se rompieran y corriendo a verlas y protegerlas; entonces contemplaron como los insectos rascaban con sus patas y sus picos hasta dentro de los dorados filamentos de la espiga y se asombraron…!
Pasaron días y días…y uno de tantos, cuando fueron a cosechar, ya no encontraron Teotzintli…ahora había un fruto duro macizo, lleno de miles de granos de diversos colores, unos eran rojos, otros azules, otros dorados, otros blancos…! A esos granos los llamaron Itzintli, Etzintli, Antzintli (o Yaantzintli) Yauitzintli (Maíz azul), etc. Y se iluminó el pensamiento de los hombres, y Xilonan y ellos, siguieron realizando la Polinización de diversas especies de plantas con lo que produjeron el GRANO DIVINO, alimento del mundo, hasta hacer más de cuatrocientas variedades.

Tomado de:http://aztekatl.org

sábado, 27 de febrero de 2010

LEYENDA DEL PARAGUAY

LA LEYENDA DEL CHINGOLO

Latinoamérica Indígena, Carlos Alzate Girado (compilador),1984


CHINGOLO (imagen tomada de www.arn.org.ar)

Entre los indígenas que pueblan la región del Guaira se conserva el recuerdo de Chingolo, un niño guaraní que amó entrañablemente a su madre. Enfermó ella gravemente, sintiéndose a punto de morir, le pidió al hijo que fuera en busca de una planta que se consideraba como único remedio de su mal.

Crecía la planta en lo más intrincado de la selva; con todo, el niño se mostró valiente y fue a buscarla. Oyó los rugidos del jaguar, pero siguió adelante. Anduvo de un lado a otro hasta que halló la planta y quiso regresar a su casa. En tanto sobrevino la noche; una noche oscura que no le permitió distinguir el camino. Desorientado, vagó por la selva exclamando: ¨!Che sy asy!¨, ¨!Che sy asy!¨ , como si la evocación de ¨mi madre se halla enferma¨ (idioma guaraní) pudiera inspirar piedad a algún ser compasivo que le ayudara a salir del trance.

Amanecía y el niño vagaba aún desorientado en el bosque, ignorando que la madre había muerto.
Los dioses comprendieron que Chingolo no se conformaría jamás con la pérdida del ser que más amaba en el mundo y, en el deseo de evitarle el dolor de la orfandad, lo convirtieron en ave, para que volara por el mundo en busca de la madre, animado por la eterna esperanza de reunirse con ella alguna vez.

Desde entonces el Chingolo aletea en el bosque, anida en los aleros y, como si buscara el amparo de los buenos o la protección de los piadosos, les advierte la proximidad de los malos vientos y les recuerda su gran pena repitiendo en sus trinos: ¨!Che sy asy!¨ ¨!Che sy asy!¨